MINSK, 7 may (BelTA). - Todo el país celebrará el 10 de mayo el Día de la Bandera Nacional, el Escudo Nacional y el Himno Nacional. Estos símbolos son el ADN de nuestra nación, en el que están codificados tanto el trabajo pacífico como el pasado heroico. Hoy hablamos de que el respeto al escudo, la bandera y el himno debe convertirse en una parte natural de nuestra cultura personal.
Del hilo campesino
Sobre las profundas raíces históricas y los significados sagrados de nuestra bandera habló la candidata a ciencias históricas y profesora titular Olga Boróvskaya, jefa del departamento de historia general y relaciones internacionales del Instituto de Historia de la Academia Nacional de Ciencias de Belarús.
– La bandera moderna de Belarús se basa en una sólida tradición histórica. Su característica única es el uso de un ornamento nacional, cuya base es un dibujo tejido ya en 1917 por una simple campesina del pueblo Kostélische, en la región de Sennó, Matriona Markévich. El camino de este dibujo hacia la gran estatalidad comenzó con hallazgos en el Archivo Nacional de la República de Belarús. Los investigadores lo descubrieron en los fondos del Consejo de Cooperación Artesanal de la BSSR. La elección de este dibujo no fue casual: los expertos confirman que este tipo de diseño es clásico en todo el territorio del país.
En 1995, por voluntad del pueblo, expresada en un referéndum republicano, el país obtuvo una nueva bandera estatal. Se tomó como base el modelo de 1951, pero con importantes ajustes: se eliminó la simbología soviética y el ornamento nacional adquirió su encarnación históricamente correcta: un bordado rojo sobre un lienzo blanco.
Según la especialista, cada elemento de la bandera nacional está lleno de un profundo significado. El color rojo es la encarnación de la fuerza, el coraje y el honor. Encierra la memoria de la sangre derramada por el pueblo durante la Gran Guerra Patria y el triunfo de la victoria sobre el fascismo. El verde es un símbolo de renacimiento y armonía con la naturaleza. Color de nuestros campos y bosques, representa la esperanza, el trabajo creativo y la energía de la juventud.
– El color blanco y el ornamento representan la pureza espiritual y la sabiduría. El propio ornamento de la bandera es un antiguo himno al pan, a la alta cosecha y a la continuidad de la vida. Alaba la laboriosidad y el valor, precisa la especialista.
Precisión en los detalles
El escudo nacional, junto con la bandera, es un atributo indispensable de la Belarús soberana. Su aspecto moderno es también el resultado de la elección del pueblo en el referéndum de 1995, y una nueva etapa en la historia del símbolo fue la ley del 4 de enero de 2021, adoptada por iniciativa del Jefe de Estado y del Consejo Heráldico. Este documento estableció las imágenes oficiales del escudo, haciéndolas más modernas y artísticamente precisas.
– Una mirada atenta notará cambios importantes. En la parte superior del escudo, la estrella de cinco puntas adquirió una versión plana, simbolizando confianza y serenidad. El contorno de la República de Belarús ahora está delineado con una línea dorada, color de pureza y nobleza. La esfera terrestre también se ha transformado: los contornos de los continentes se han vuelto geográficamente precisos y su color ha cambiado a un marrón natural. Se prestó especial atención a los detalles, como los paralelos y meridianos, y la inscripción "República de Belarús" se ha vuelto más clara y expresiva, continúa Olga Nikoláyevna.
La entrevistada señala que cada elemento del escudo refleja el carácter nacional y la riqueza de la tierra belarusa.
– La corona de espigas, lino y trébol es un homenaje al trabajo agrícola, que históricamente es el fundamento de la economía y el bienestar. El trigo y los cereales simbolizan la fertilidad de nuestros suelos y la generosidad de la naturaleza. El sol naciente y la estrella simbolizan la independencia del país y la fe en que sobre Belarús siempre habrá un cielo pacífico y despejado. La unidad de la paleta, la solución cromática del escudo, está indisolublemente ligada a la bandera nacional, explica Olga Boróvskaya.
La melodía de las generaciones
Tras la independencia, durante mucho tiempo, hasta 2002, nuestro país no tuvo un texto ni una partitura oficialmente aprobados del himno nacional. A principios de 2002 se creó una comisión especial, y el 8 de mayo, en el Palacio de la República, en presencia del Jefe de Estado, se interpretaron las cinco versiones finales. La competencia fue digna: la comisión consideró obras emblemáticas como "Mi querida Patria" (V. Olóvnikov y A. Bachilo) y "Brilla, Belarús" (V. Raínchik y L. Pronchak). Sin embargo, en la final triunfaron las tradiciones: tres versiones del texto con música de N. Sokolovski, en las que trabajaron los poetas V. Karizna, D. Morózov e I. Korendo.
La prensa publicó los textos de todos los candidatos y se organizó una línea directa especial para recoger opiniones. Miles de llamadas y cartas de todos los rincones del país confirmaron que los belarusos votaban por la continuidad. Finalmente, el texto renovado de Vladímir Karizna y Mijás Klimkóvich resultó ganador. El 2 de julio de 2002, el Presidente, mediante su decreto, aprobó oficialmente el texto y la partitura, convirtiendo la música de Sokolovski en un símbolo de la Belarús independiente.
Una voz en la historia
Marina Yúrkina, la persona cuya voz aparece en esa grabación oficial que todos los belarusos escuchan en los momentos solemnes y en los primeros minutos del Año Nuevo, contó cómo se creó la obra musical más importante del país.
El destino creativo de Marina Alekséyevna está indisolublemente ligado al Coro Académico de la Compañía Estatal de Radio y Televisión de Belarús, y aquel año 2002 fue especial para el colectivo:
– Nuestro director, el legendario Víktor Rovdo, anunció que grabaríamos las cinco versiones propuestas. Los ensayos y la grabación tuvieron lugar en el Gran Estudio de la Casa de la Radio, junto con la Orquesta de Demostración de las Fuerzas Armadas, dirigida por Aleksandr Fiódorov.
El momento culminante del concurso fue la actuación en el Palacio de la República. En la sala estaban presentes el Presidente de Belarús, Aleksandr Lukashenko, compositores conocidos y representantes del Ministerio de Cultura.
– Había nerviosismo. Sabíamos que en ese momento se estaba haciendo historia. Después de que sonaran todas las versiones, ocurrió un acontecimiento que los artistas recordarían para siempre. El Presidente no solo escuchó las grabaciones con la comisión, sino que se acercó a nuestro coro y preguntó sinceramente a los propios artistas: "¿Y qué versión les gusta más a ustedes?", comparte Marina Alekséyevna.
Fue un diálogo vivo, el Jefe de Estado quería escuchar la opinión de todos los que con su talento daban vida a esa música.
Olga Proliuk,
"7 Dnei".-0-
