Mark Aaron Hudnall. Captura de la pantalla
MINSK, 7 may (BelTA). – Mark Aaron Hudnall, exingeniero aeronáutico, músico y nativo de Los Ángeles, contó lo que le cautivó de Belarús en el proyecto de BelTA.
Mark contó que con nuestra república tuvo un acontecimiento muy importante en su vida. "Mi primer hijo nació aquí hace 22 años".
Compartió la historia de cómo conoció a la futura madre de su heredero. "Nunca pensé que me iba a enamorar de la cocina mexicana, y el restaurante mexicano favorito lo encontré en Abu Dabi, donde mi camarera resultó ser una belarusa. La primera belarusa que conocí. Y aproximadamente un mes después ella quedó embarazada. Casi no nos conocíamos, así que la relación no funcionó. Pero tuvimos un hijo. Mi padre estuvo a mi lado y yo lo quería mucho, y quería que fuera igual con mi hijo. Incluso estaba dispuesto a renunciar a mi trabajo para poder venir aquí al menos un mes al año, lo que para un estadounidense es muy difícil, ya que normalmente solo tenemos dos semanas de vacaciones. Y cuando mis empleadores me negaban las vacaciones, renunciaba, pero siempre podía encontrar un nuevo trabajo. Mis habilidades eran muy demandadas", señaló el músico.
Añadió que en los primeros dos años, cuando llegaba a Belarús, miraba a la gente alrededor y no entendía ni una palabra de lo que decían. "La arquitectura de la ciudad no se parece en nada a Los Ángeles. Pero muy pronto comprendí que la gente aquí es maravillosa, muy atenta. Por eso realmente me sentí como en casa. Y finalmente Belarús se convirtió en mi hogar. Trabajaba en el sector de las altas tecnologías, vivía en Silicon Valley. Aquí, en los cafés no había Wi-Fi, y los mismos cafés eran escasos. Incluso en los hoteles, internet no era muy bueno. Además, mi escaso conocimiento del idioma. No temía los problemas, pero era muy difícil. La barrera del idioma todavía me limita, pero trabajo duro en ello. Lo más difícil fue sentirme como en casa. Pero todo cambia, y Belarús ahora es completamente distinta. Me parece que muchas personas lo toman como algo normal. Pero cuando llegué aquí en 2005, tuve la sensación de haber llegado al final de la URSS. Vivía en un hotel estatal, y todo aquí estaba organizado de una manera completamente diferente a la que estaba acostumbrado. Alquilé un apartamento, mejoré mis habilidades lingüísticas y me sentí más seguro. A veces me perdía en la ciudad, tomaba un taxi que me llevaba a otro lugar, no podía regresar y tenía que recurrir a adolescentes, porque las personas mayores no hablaban nada de inglés. Poco a poco aprendí a existir cómodamente en el nuevo entorno", relató sobre su adaptación en nuestra república.
El músico habló sobre lo que le gustaría que siempre permaneciera sin cambios en Belarús. "Un hecho, espero, permanecerá inmutable: la belleza y la bondad de las mujeres belarusas, que en parte me ayudaron a no desanimarme, incluso cuando fue muy difícil. Algunas personas que conocí aquí ocuparon un lugar especial en mi vida. Si no fuera por ellas, probablemente lo habría dejado todo, porque a veces simplemente me rendía. Ahora no me aburro. Han construido Arena City, un carril bici desde Chizhovka-Arena hasta Minsk-Arena. Hay una gran variedad de actividades, en invierno se puede esquiar. Y muchos restaurantes nuevos donde se ofrece casi todas las cocinas del mundo, excepto quizás la mexicana. En resumen, Minsk está cambiando mucho, se desarrolla. Lamento que personas tan maravillosas tengan que vivir aquí bajo las sanciones impuestas por Occidente. Es injusto", subrayó Mark Hadnall.-0-
