La edición facsímil del silabario de Spiridón Sóbol de 1631. Foto del archivo
MINSK, 25 abr (BelTA). - El autor del silabario belaruso del siglo XVII, el impresor Spiridón Sóbol, quería conquistar el mercado de libros del Zarato de Moscú. Lo que se lo impidió fue explicado en el proyecto de BelTA "Historia real. Conferencias de Ígor Marzaliuk" por el presidente de la Comisión Permanente de Educación, Cultura y Ciencia de la Cámara de Representantes, Ígor Marzaliuk.
Tras una exitosa actividad como impresor en su natal ciudad de Moguiliov, Kiev y Mstislavl, Spiridón Sóbol quiso conquistar el mercado de libros del Zarato de Moscú. "Buscaba trasladar su actividad a Moscú. En 1637, junto con sus amigos, comerciantes de Moguiliov, viajó a Belokámennaya. Allí se reunió con el impresor moscovita Vasili Burtsov. Este último sentía un gran respeto por Spiridón Sóbol, considerándolo su maestro en el arte de la imprenta. Y Vasili Burtsov compró a Spiridón Sóbol los utensilios de imprenta que este había traído", relató el historiador.
Inicialmente, Sóbol creyó que todo le saldría bien. Decidido a viajar a Moscú, vendió todas sus propiedades en Moguiliov. "Sus aspiraciones eran muy nobles y, según le parecía, solo debían traer beneficio al pueblo hermano. Se proponía enseñar el arte de la fundición de tipos, es decir, un trabajo tipográfico de calidad, a los impresores moscovitas. Además, había desarrollado un amplio programa para el estudio y dominio de lenguas extranjeras (una especie de prototipo de instituto de idiomas, por así decirlo, en la tierra moscovita). Planeaba elaborar, para las necesidades del Estado moscovita, diccionarios de latín, alemán y griego. Pero esto no estaba destinado a realizarse. ¿Por qué? Nuestro impresor tipógrafo fue detenido en Viazma. Al zar Mijaíl Fiódorovich le informaron sobre sus deseos. Y los deseos del primer impresor de Moguiliov eran los siguientes: traducir e imprimir libros divinos y enseñar a los niños, basándose en estas publicaciones, las escrituras griega, latina y polaca", subrayó Ígor Marzaliuk, añadiendo que Spiridón Sóbol proponía todo un programa educativo que incluía la creación de escuelas para enseñar idiomas extranjeros a los niños.
El zar Mijaíl denegó al impresor la entrada a Moscú. Ante el decreto zarista, Spiridón Sóbol respondió que no toleraría tal trato y que regresaría a casa. "Spiridón Sóbol vuelve a su hogar, pero considera que la vida seglar ya ha agotado sus posibilidades y que debe salvar su alma inmortal. Por eso se marcha al Monasterio de las Cuevas de Kiev, donde toma los hábitos monásticos. Pero la fama de sus ediciones, la fama de sus libros, siguió extendiéndose por todo el mundo ortodoxo. Así, en 1645, desde la lejana Valaquia (región histórica en el sur de la actual Rumanía) llegó un mensajero que llamó a las puertas del Monasterio de las Cuevas de Kiev y entregó un mensaje a Spiridón Sóbol. Era una invitación oficial. Contenía tanto una petición como una propuesta para que viajara a Valaquia, fundara allí una imprenta y se dedicara a su actividad favorita: la ilustración y la educación. Y Spiridón Sóbol se preparó para un viaje nada cercano. Pero resultó que ese camino fue el último de su vida, un viaje sin retorno. A finales de 1645, Spiridón Sóbol, impresor de escritos divinos, partió hacia un mundo mejor. Su existencia terrenal terminó. Pero sus libros siguieron viviendo. Con ellos se aprendía el dominio de la lengua eslava y el arte de leer y escribir en todo el mundo eslavo ortodoxo. Y así fue durante no una generación, no un siglo. Un libro de texto de calidad es casi un libro de texto eterno. Y el método de enseñanza de la gramática inventado por Spiridón Sóbol se sigue utilizando hoy en día", afirmó Ígor Marzaliuk.-0-
