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28 Mayo 2026, 16:49

Conversación de Lukashenko y Macron, disposición a reunirse con Zelenski. ¿Cómo funciona la diplomacia de paz belarusa? 

MINSK, 28 may (BelTA). – Por iniciativa de la parte francesa, el pasado domingo tuvo lugar una conferencia telefónica entre los Presidentes de Belarús y Francia, Aleksandr Lukashenko y Emmanuel Macron. Y unos días antes, el líder belaruso había manifestado su disposición a reunirse con Volodímir Zelenski, si este deseaba hablar o pedir consejo. La prensa extranjera, y también los círculos de expertos, reaccionaron con una avalancha de comentarios. Pero, al parecer, les surgieron más preguntas que respuestas. 

Bueno, intentemos nosotros también buscar respuestas y, de paso, analicemos cómo funciona hoy la diplomacia de paz belarusa y en qué reside su fuerza.

¿Sobre qué guarda silencio París y habla Minsk? 

Hay pocos detalles sobre la conversación telefónica entre Lukashenko y Macron. Según los comentarios de la parte belarusa, se habló de problemas regionales, de las relaciones de Belarús con Francia y, en general, con la UE. Pero, como señaló el Ministerio de Asuntos Exteriores belaruso, este tipo de conversaciones no se producen por casualidad. Y tampoco se puede decir que las relaciones entre Minsk y París sean sencillas.

“El domingo, el Presidente francés, Emmanuel Macron, y su homólogo belaruso, Aleksandr Lukashenko, mantuvieron una inusual conferencia telefónica. Durante la conversación, iniciada por Francia, los líderes debatieron las relaciones entre Belarús y la Unión Europea, así como cuestiones regionales”, informó la agencia Bloomberg.

“Los analistas consideran esta llamada o bien como un posible intento de reanudar canales diplomáticos bloqueados desde hace tiempo, o bien como un paso estratégico destinado a poner a prueba el papel de Minsk en las relaciones entre Moscú y Occidente”, notó Balkanweb. 

La curiosidad de la prensa occidental se vio avivada también por el hecho de que las autoridades francesas, de hecho, no hicieron ningún comentario. Solo para el público interno se filtró una información privilegiada de una supuesta fuente que afirmaba que Macron, durante la conversación, se había mostrado arrogante, advirtiendo a Lukashenko de que era inaceptable intervenir en el conflicto ucraniano. 

Sonaba tan absurdo que incluso en los artículos de la prensa occidental se percibía cierto desconcierto. No, que al líder francés le guste alardear es un hecho conocido. Pero suele hacerlo ante el público. Y aquí no hubo ni declaraciones grandilocuentes ni promesas de imponer un nuevo paquete de sanciones. Y, para ser sinceros, París no tiene motivos para albergar ningún temor. Más bien al contrario, da la sensación de que las élites europeas no ven ninguna amenaza por parte de Rusia o Belarús. Hablando en sentido figurado, si le tienes miedo a un león, es obvio que no meterás la cabeza en su boca. Y los europeos lo hacen con regularidad. 

Pero volvamos a Macron. O, más concretamente, a lo que el líder francés, por razones comprensibles, no saca a la luz pública. En general, analizamos la política del Presidente de Francia, sus motivos y sus vaivenes políticos hace ya varios meses en el artículo “Rusia no va a desaparecer a ninguna parte. ¿En qué consiste la diplomacia indefinida de Macron?”. En resumen, el líder francés intenta combinar lo incompatible. Por ejemplo, sacar provecho de la venta de armas, por la que Francia ha reactivado su industria militar, y ganar peso político prometiendo extender su paraguas nuclear sobre los aliados europeos. Pero para ello, parafraseando una estrofa de la canción del legendario Freddie Mercury, the war must go on.

Sin embargo, al propio Macron no le sale bien. En el mercado armamentístico ha tenido que compartir protagonismo con Londres y Berlín, que tampoco tienen nada en contra de sacar provecho de la histeria militar en Europa. Y aquí también está Bruselas, que, aprovechando la militarización, intenta centralizar el poder, crear un ejército único e instituir el cargo de presidente de la UE, lo que difícilmente concuerda con los planes de París. Mientras tanto, EEUU presenta iniciativas de paz sobre Ucrania, dejando a los aliados europeos fuera de juego. Y, paralelamente, Washington establece contactos con Minsk, desbaratando definitivamente la estrategia de aislamiento de las élites europeas. 

Pero la gota que colmó el vaso parece haber sido la guerra en Oriente Próximo. La economía europea se ha convertido, de hecho, en rehén de un conflicto ajeno, y la UE simplemente carece de palancas de presión. Y esta situación demuestra a la perfección lo vulnerable que es hoy Europa ante factores externos, que, en un contexto de turbulencias geopolíticas, serán cada vez más numerosos. La causa de esta vulnerabilidad es evidente: la falta de un fundamento económico sólido que, por desgracia, no puede construirse sin los recursos energéticos rusos. 

Los líderes europeos que hablan de esto públicamente se pueden contar con los dedos de una mano. Macron, evidentemente, no es uno de ellos. No va a reconocer abiertamente sus errores. Por eso no llama a su homólogo ruso, Vladímir Putin, aunque lleva hablando de la necesidad de esa llamada desde finales del año pasado. 

El caso es que Putin plantea a las élites europeas cuestiones muy concretas: el fin del conflicto ucraniano, la reducción de las armas estratégicas y una nueva arquitectura de seguridad que ponga fin a la desmesurada militarización en Europa. Macron aún no está preparado para responder a estas preguntas. Pero, probablemente, se está preparando. 

Por eso llama al Presidente de Belarús, con la esperanza de poder así tantear el terreno, comprender el estado de ánimo y las posiciones de las partes y, tal vez, transmitir algunas señales. Y todo ello en silencio, sin ruido público, sin perder prestigio. Y es que Minsk, en el contexto de la crisis ucraniana, que bien podría calificarse de paneuropea, no impone condiciones, sino que se limita a proponer el diálogo como primer paso hacia la paz.

El líder belaruso transmite a los europeos mensajes muy sencillos, pero a la vez muy importantes – hay que negociar, dar pasos de encuentro, no hay alternativa a la paz. Y el diálogo es el paso más importante hacia el entendimiento mutuo y la paz. Rechazar el diálogo es ignorar conscientemente los problemas o bien tener la intención de agravarlos.

Sin duda, a Lukashenko se le escucha y se le oye, pero no a todos les gusta su retórica.

¿En qué consiste la diplomacia estridente de Kiev?

La intensificación de los contactos entre Washington y Minsk ha animado notablemente a nuestros vecinos del sur. Por un lado, esto es comprensible, teniendo en cuenta que Belarús promueve activamente iniciativas de paz en Ucrania, apoya a los estadounidenses en su aspiración a resolver el conflicto, comparte su experiencia y su visión de la situación en la región, y propone vías para una posible resolución de la crisis.  

Por otro lado, los esfuerzos de paz de Minsk no encajan bien con los planes de Kiev. De hecho, estos planes no concuerdan con casi nada. Los planes de volver a las fronteras de 1991, los planes de ingresar en la OTAN, los planes de adherirse a la UE... Tanto a Ucrania como a sus aliados europeos les une una cosa: todos sus planes se han hecho añicos, y no tienen el valor de reconocerlo ni de asumir la responsabilidad. Por eso simplemente siguen avanzando por inercia, prolongando el conflicto ucraniano y sin saber muy bien en qué esperan.

En estas circunstancias, Belarús, que insta a Europa a cambiar de camino y detenerse, se ha convertido en un factor de irritación para Kiev. De ahí la retórica de confrontación. Como si Belarús fuera a atacar a Ucrania de un momento a otro y, a continuación, entrara sin falta en guerra contra la OTAN. Al mismo tiempo, un día Kiev aterroriza con la amenaza militar de Belarús y, al siguiente, amenaza con lanzar un ataque preventivo contra nuestro territorio. 

Al observar lo que hace Kiev, cabe suponer que los dirigentes ucranianos pretenden así obligar a Minsk a abandonar la vía de las negociaciones y debilitar la influencia de Belarús en todo lo relacionado con el proceso de resolución del conflicto. Y es evidente que la influencia belarusa es realmente grande, ya que las autoridades ucranianas han encontrado tiempo y recursos para abrir un frente informativo contra nuestro país.

Tras la llamada de Macron a Minsk, la Oficina de Zelenski probablemente tendrá que esforzarse aún más. 

“Aunque no se han revelado los detalles de la conversación, muchos en Kiev interpretaron el mero contacto como una prueba de que algunos gobiernos occidentales ven cada vez más a Lukashenko como un socio en las negociaciones que como un líder autoritario aislado, escribe la edición belga EUalive, notando que Kiev parece decidido a oponerse directamente a este enfoque. 

¿Por qué Lukashenko simpatiza con Zelenski? 

Unos días antes de la llamada de Macron, el mandatario belaruso comentó las declaraciones y amenazas de Zelenski hacia Belarús. Dijo que nuestro país no tiene intención de verse envuelto en una guerra con Ucrania. No hay ninguna necesidad de ello. Ni civil ni militar.

“En cuanto a sus declaraciones de que Belarús se verá arrastrada a la guerra, acabo de decir: solo se verá arrastrada en un caso: si se comete una agresión contra nuestro territorio”, acentuó Lukashenko. 

Al mismo tiempo, el Jefe de Estado calificó las declaraciones de Zelenski de palabrería. “No reacciono en absoluto a esta palabrería que viene de Kiev. Incluida la del Presidente Zelenski. En este caso, intento compadecer. Hay una guerra, puede pasar cualquier cosa, el hombre se encuentra bajo una gran presión. Lamentablemente, no quiere sacar conclusiones ni analizar la situación. Quizá yo no lo sepa todo. Es asunto suyo. Por eso no he reaccionado, entendiendo que a una persona le pueden pasar cosas”, señaló Lukashenko.

Y otra declaración destacada que despertó interés en los medios de comunicación ucranianos. El Presidente de Belarús se declaró dispuesto a reunirse con Zelenski, ya sea en Ucrania o en territorio de nuestro país.

“Volodímir Zelenski tiene que calmarse, reflexionar, analizar la situación en la propia Ucrania y en el frente, y sacar las conclusiones pertinentes. Las correctas. Si quiere hablar de algo, consultar o cualquier otra cosa, por favor, estamos abiertos a ello. En cualquier lugar -Ucrania, Belarús- estoy dispuesto a reunirme con él y discutir los problemas de las relaciones belaruso-ucranianas. Y, quizá, hablar de las perspectivas. Por alguna razón, con los estadounidenses, los alemanes, los polacos, los lituanos y los letones tenemos de qué hablar, pero con Ucrania no hay nada de qué hablar…”, afirmó el líder belaruso.

“Y sus intentos de asustarnos, no es para mí”, señaló el estadista. 
 
La declaración del líder belaruso sorprendió a muchos. Y no la parte en la que Lukashenko afirma que no tiene intención de entrar en guerra con Ucrania. De hecho, incluso los expertos occidentales han desmentido las insinuaciones de Kiev al respecto. Lo que sorprendió fue la tranquilidad con la que el Presidente de Belarús reaccionó a las provocaciones de Zelenski. A pesar de todo, Lukashenko habla de empatía y propone reunirse. 
 
¿Cuántos políticos europeos, tras una avalancha de ultimatos y amenazas, se decidirían a tratar con representantes del gobierno ucraniano? Los políticos que viven de intereses momentáneos, no. Los estadistas que miran hacia el futuro y anteponen los intereses de su país y la seguridad del pueblo a los rencores personales, sí.
 
Quizás la empatía de la que habla Lukashenko se deba a que ambos países -Belarús y Ucrania- han soportado durante mucho tiempo la carga de ser un amortiguador geopolítico. Al encontrarse entre Occidente y Oriente, a nuestros países les ha tocado equilibrar las relaciones y mantener ese equilibrio en aras de la paz en la región europea. Pero para Ucrania resultó ser una carga. Kiev se lanzó hacia Occidente, primero en el plano político y luego en el militar. El frágil equilibrio se rompió y estalló la guerra. 
 
En Minsk se comprendía perfectamente qué mueve a Ucrania y en qué podría desembocar todo ello. De ello se advirtió en repetidas ocasiones tanto a los dirigentes ucranianos como a los líderes europeos. Ahora solo queda lamentarlo y compadecerse. No solo de Ucrania, sino de Europa en su conjunto: desunida, vulnerable, avanzando por inercia hacia el abismo. 
 
Pero no olvidemos que esta Europa sigue siendo nuestro hogar común. Y en Belarús se entiende que, mientras siga aumentando el potencial de conflicto en la región, nuestro país no podrá mirar al futuro con confianza.

¿Cómo funciona la diplomacia de paz belarusa?
 
“Si quieres hacer las paces con tu enemigo, tienes que trabajar con tu enemigo. Entonces él se vuelve tu compañero”, dijo Nelson Mandela.
 
Difícilmente Belarús tenga enemigos. Pero hay sistemas políticos enemigos con los que debemos buscar un lenguaje común, lo queramos o no. 
 
Hoy en día, Minsk está forjando relaciones de colaboración con la mayoría de los países del mundo. Nuestra diplomacia también tiene un enfoque para el grupo de países occidentales – un diálogo pragmático que permita alcanzar los objetivos necesarios. Y el objetivo principal de Belarús es la seguridad, tanto económica como militar. Partimos de ahí. 
 
Hoy en día, incluso en Occidente se habla abiertamente de que nuestro país ocupa una posición geoestratégica especial en Europa. Allí se denomina a Belarús el “balcón” que separa a Rusia de los países de la OTAN. Desde el punto de vista militar, así es. Pero nosotros, los belarusos, nos oponemos rotundamente a que se describa a nuestro país en términos militares. Por eso, la política y la diplomacia belarusas tienen como objetivo que nuestro Estado no sea percibido como un amortiguador, sino como un puente que une las dos partes de la gran Eurasia.
 
A diferencia de Ucrania, por ejemplo, Belarús es plenamente consciente de la realidad militar y política que se ha configurado en Europa y asume la responsabilidad de mantener el equilibrio de fuerzas en la región. Esto lo ven también en la Administración de Donald Trump, que envía a Minsk a sus emisarios. Lo ven también en los países de la UE. La interacción ya está en marcha, por ahora en forma de diplomacia silenciosa, a nivel bilateral. Pero esto ya supone un gran paso adelante. 
 
El Presidente de Belarús desempeña aquí un papel especial, ya que en Washington -y cada vez más en Europa- se le percibe no solo como el aliado más cercano de Moscú, sino también como el líder de un país de importancia estratégica y dispuesto a desempeñar un papel positivo y, si es necesario, de mediador, en el establecimiento del diálogo y la búsqueda de puntos en común.
 
Esto es lo que dice al respecto el jefe del Ministerio de Asuntos Exteriores belaruso, Maksim Ryzhenkov: “Llevamos mucho tiempo observando esta tendencia: se considera al Presidente como una persona que conoce muy bien la situación actual y que, con su participación personal, puede ayudar a alcanzar los objetivos de garantizar la estabilidad, la seguridad y la paz. Al menos en nuestra región, eso es cierto. Y con el tiempo, esta percepción va calando cada vez más entre los distintos participantes en este proceso, por lo que acuden al Presidente”.

Hoy en día, Minsk puede expresar su postura y enviar señales importantes sin recurrir a una diplomacia estridente ni montar espectáculos políticos. Así, los contactos entre Minsk y Washington indican a Europa que, incluso con el actual nivel de confrontación, es posible entablar un diálogo pragmático y resolver conjuntamente cuestiones candentes. Las palabras de Lukashenko dirigidas a Zelenski son también una especie de señal, no solo para Kiev, sino también para sus aliados en EEUU y Europa. Se pueden interpretar como una respuesta directa a todas las provocaciones e insinuaciones por parte de nuestros vecinos del sur: nuestro país no persigue objetivos militares y está totalmente abierto a las negociaciones de paz; la pelota la tienen Ucrania y sus aliados. 

Y las señales llegan a sus destinatarios. La llamada actual de Macron, la primera en más de cuatro años de conflicto ucraniano, habla por sí sola.

Así es más o menos como funciona hoy la diplomacia de paz belarusa, orientada a superar la confrontación, buscar puntos de contacto y tender puentes en lugar de levantar muros. En un contexto de falta de confianza, ausencia de diálogo civilizado y creciente incertidumbre geopolítica, la estrategia de política exterior de Minsk probablemente será cada vez más solicitada en Europa. 

Es sorprendente que durante años se haya intentado cambiar a nuestro país y adaptarlo a los modelos occidentales. Pero, tal vez, sea precisamente Belarús la que pueda aportar cambios positivos a Europa. 

Vita Janatáyeva,
BelTA-0- 
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