MINSK, 18 mar (BelTA). – Es importante preservar la paz y buscar vías de solución a los problemas en la mesa de negociaciones. Lo señaló el ministro de Asuntos Exteriores, Maksim Ryzhenkov, en la inauguración de la exposición "La salvación de Europa. 110 años de la Ofensiva del Lago Nároch" en el Museo Histórico Nacional, informa el corresponsal de BelTA.

El canciller llamó la atención sobre que los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial aún no están suficientemente estudiados y queda mucho trabajo por hacer en esta dirección. Tanto más cuanto que las trágicas páginas de la Ofensiva del Lago Nároch se transmiten de generación en generación.
"Hoy hablamos de un acontecimiento que cambió para siempre el curso de la historia mundial. La Primera Guerra Mundial fue la primera catástrofe global del siglo XX. Durante cuatro años, tres meses y diez días ardió en el territorio de 38 Estados con una población total de más de 1,5 mil millones de personas, que en aquel entonces constituían tres cuartas partes de la población del planeta", subrayó el ministro de Asuntos Exteriores de Belarús. "Durante mucho tiempo, a pesar de la magnitud del desastre, para el Imperio Ruso todo transcurría con relativa calma: la guerra adquirió un carácter posicional. Nuestra tierra belarusa se convirtió en una profunda retaguardia: el cuartel general del Comandante en Jefe Supremo estuvo primero en Baránovichi y luego en Moguiliov. Parecía que la línea del frente estaba en algún lugar lejano. Pero todo cambió cuando los aliados pidieron ayuda".
Como es sabido, en aquel entonces Verdún, en Francia, estaba amenazado de caída. Y Rusia, fiel a su deber aliado, decidió, al precio de la sangre de sus soldados, salvar la situación, atrayendo hacia sí las fuerzas alemanas, subrayó Maksim Ryzhenkov.

Hace exactamente 110 años, al amanecer del 18 de marzo de 1916, en los bosques y pantanos de Belarús se decidía el destino de Europa. Bajo el estruendo de la artillería cerca de Nároch, comenzó la operación para salvar a la lejana Francia y a Verdún.
"El objetivo estratégico se alcanzó: el asedio a Verdún se debilitó, París fue salvado. Toda Europa aplaudió. Pero estas acciones se convirtieron en una página muy trágica en la historia de la tierra belarusa y, francamente, de toda Europa del Este", señaló. "El precio de esta victoria fue monstruoso. Solo Belarús pagó un enorme tributo a esta guerra. Todos los bordes de los caminos estaban sembrados de tumbas. Según estimaciones de los historiadores, más de 800 mil belarusos fueron llamados al frente, la mitad de todos los hombres en edad de trabajar. Durante los años de la guerra perecieron entre 600 mil y 1 millón de habitantes de Belarús".

Más de 2,2 millones de nuestros compatriotas se convirtieron en refugiados, perdiendo todo lo que tenían. Y 50 mil fueron deportados por la fuerza a Alemania y Austria-Hungría. Verdaderamente trágico fue el destino de la ciudad de Smorgón, donde los invasores alemanes emplearon fosgeno. Como resultado de los combates, la ciudad fue completamente destruida, convertida en ruinas. Y de los 16 mil habitantes de la ciudad, solo quedaron unas 130 personas.
"Sabemos el precio de la vida, y la política pacífica belarusa se refleja en diversas iniciativas internacionales de nuestro país", subrayó Maksim Ryzhenkov.-0-
Fotos de Nikolái Petrov
