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21 Marzo 2026, 14:20

¿Por qué vale la pena visitar el museo del complejo conmemorativo Khatyn? 

MINSK, 21 mar (BelTA). – Aquí se puede escuchar los recuerdos de los niños a los que les extraían la sangre y ver fotografías de adultos cavando sus propias tumbas, y al entrar en una de las salas, te encontrarás en un granero en llamas… El museo del complejo conmemorativo Khatyn no se parece a ningún otro de nuestro país. El miedo y el dolor de la guerra se sienten en este lugar con tanta intensidad que no se recomienda su visita a menores de 12 años. Los adultos tampoco pueden contener sus emociones al ver lo que sufrió nuestro pueblo. En vísperas del 83er aniversario de la tragedia de Khatyn, nuestros corresponsales visitaron este lugar sagrado para todos los belarusos.

“Para que se les parta el alma” 

La idea de construir un museo en Khatyn pertenece al Jefe de Estado. Durante su visita al complejo conmemorativo el 16 de abril de 2022, el Presidente de Belarús dijo: “Lo principal es la exposición que habrá allí. Que la gente venga y, antes de poner un pie aquí, que ya se les parta el alma”. Estas palabras fueron el punto de partida: pocas semanas después de la visita del líder belaruso, en el memorial comenzaron las obras. 

La inauguración solemne del museo se programó para coincidir con el 80º aniversario de la tragedia de Khatyn. Aleksandr Lukashenko visitó personalmente este lugar único. El Presidente notó que, anteriormente, los acontecimientos de los años de la guerra se contaban a veces de una manera un tanto cinematográfica. Pero en el nuevo museo todo se acerca al máximo a la realidad. “Todo es sencillo y comprensible. Exactamente como fue entonces”, subrayó el líder belaruso.
Una de las principales características del museo es su máximo realismo. Por ejemplo, aquí no son los guías quienes narran la tragedia de Khatyn, sino una imagen holográfica de Vitia Zhelobkóvich, un niño de siete años que sobrevivió milagrosamente. Al escuchar su historia, no cabe duda de su veracidad. Además, aquí hay un número inusualmente reducido de objetos expuestos, pero todos y cada uno de ellos tienen un profundo significado sagrado. 

Cada una de las seis salas del museo está dedicada a un periodo concreto de la historia de nuestro pueblo. Nos detenemos en la primera, donde se cuenta a los visitantes cuáles fueron los conflictos bélicos más terribles que afectaron al territorio de nuestro país. Aquí es donde tiene su origen el “arroyo sangriento”, en cuyo lecho descansan artefactos que en su día pertenecieron a personas reales. En medio de este horror vemos una cuna infantil, y en ella, una maqueta de la aldea de Khatyn tal y como era en su día.

“Aquel día se celebraba la fiesta de Sóroki”

Hoy en día, la cronología de la tragedia de Khatyn se ha reconstruido hasta el más mínimo detalle. Pero cómo vivía el pueblo antes del 22 de marzo de 1943.
– Sabemos poco sobre la vida de Khatyn antes de la guerra. Por ejemplo, en 1935 los habitantes del pueblo se unieron a una granja colectiva, como evidencia un documento conservado, y en 1940 uno de los habitantes de Khatyn, mientras prestaba servicio, murió en la guerra contra Finlandia. La Gran Guerra Patria comenzó el 22 de junio de 1941, y ya el día 28 los tanques enemigos estaban en Minsk. Los habitantes de las localidades cercanas a la capital, entre las que se encontraba Khatyn, desde los primeros días oyeron y sintieron lo que era la guerra, cuenta Anna Papkó, subdirectora del museo Khatyn.

A pesar de la ocupación, los bombardeos y los constantes disparos, la vida de los aldeanos seguía su curso. Seguían criando a sus hijos, arando la tierra y sembrando trigo. La mañana del 22 de marzo de 1943 no presagiaba ningún mal para los habitantes de Khatyn. 

– Según el calendario ortodoxo, es el día en que se conmemora a los Cuarenta Mártires de Sebaste, que fueron brutalmente asesinados por su fe. Si nos fijamos en el calendario popular belaruso, ese día se celebra Sóroki, una de las fiestas favoritas de los niños. “A pesar de los años de hambre de la guerra, las amas de casa se esforzaban por hornear bollos con forma de pajaritos para Sóroki, y los niños iban de visita unos a otros e intercambiaban bollos. Después de comer, todos se reunían en el lugar más alto del pueblo, cantaban canciones populares y llamaban a la primavera. Según los recuerdos de Vitia Zhelobkóvich, el día de la tragedia, cuando echaban a la gente de sus casas, muchos ni siquiera tuvieron tiempo de vestirse, iban descalzos. Los niños, que corrían por la calle primaveral y se metían en los charcos, se alegraban y reían. Nadie podía imaginar la terrible tragedia que les esperaba. Pero cuando empezaron a reunir a todos en el granero, la angustia, el horror y el miedo se apoderaron de ellos. 
“Chicos de 16 años lloraban a ríos” 

Una de las salas más aterradoras del museo es la cuarta. Al entrar aquí, te encuentras en un granero en llamas. Este efecto se consigue gracias al sonido de las llamas devorando la madera y a las pantallas de luz dinámica que proyectan imágenes de paredes en llamas. Aquí no se utilizan otros efectos especiales, pero, aun así, muchos visitantes empiezan a sentir olor a humo. Algunos visitantes se sienten tan incómodos que se ven obligados a interrumpir la visita.

– Esta sala despierta las emociones más intensas. Uno de los participantes del proyecto Tren de la Memoria al llegar aquí, confesó que le costaba respirar. Al joven le parecía que había humo a su alrededor y se sorprendía de que los demás no lo vieran. Aunque no había humo alguno: tal era la intensidad de la conmoción emocional del adolescente. 

Por esta misma razón, no se recomienda la entrada al museo a niños menores de 12 años. 
– Por supuesto, los pedagogos dedican mucha atención al tema de la Gran Guerra Patria en las clases, en las asignaturas optativas, durante las tutorías y en las actividades extraescolares. Pero una cosa son las historias de los libros de texto y otra muy distinta es esa terrible y sangrienta realidad que se muestra en el museo a través de fotografías y documentos de archivo. Hay que preparar al niño para ello. Por desgracia, a veces se dan situaciones en las que niños y jóvenes se desmayan al ver lo que hay allí. Los adolescentes son siempre el grupo de visitantes más impresionable para nosotros. Tienen una actitud peculiar hacia la vida, a menudo fingida, una actitud tranquila hacia todo. Pero vi con mis propios ojos cómo chicos de 15-16 años lloraban a ríos cuando el holograma de un pequeño testigo de la tragedia de Khatyn contaba lo ocurrido el 22 de marzo de 1943. Cuando logramos llegar al alma de los niños y vemos su reacción, cuando dejan que lo que mostramos les llegue al alma, esos son, sin duda, los momentos más conmovedores. Una vez más nos convencemos de que nuestra generación joven no está perdida, sino que es capaz de sentir y empatizar. 

En el centro de la cuarta sala se encuentra un pozo carbonizado, al que muchos visitantes del museo no se atreven a asomarse, mientras que en las paredes llaman la atención las fotografías de personas que fueron testigos de la quema de pueblos belarusos. Todos ellos fueron destruidos por los miembros de destacamentos punitivos. Otra pieza única del museo que vemos aquí se esconde en un rincón, pero es imposible no fijarse en ella. Tras el cristal se encuentra un casquillo deformado que fue hallado en el recinto del complejo conmemorativo durante la última reconstrucción. Dentro hay un trozo de madera carbonizada. 
“¡Cuántas cosas desconocíamos!” 

En 2024, el museo del complejo conmemorativo Khatyn se convirtió en el más visitado de nuestro país, y el interés por él no deja de crecer. Son tantos los que desean visitarlo que las visitas guiadas están programadas hasta noviembre. Y esto a pesar de que se ha ampliado el horario de apertura: ahora el museo recibe visitantes hasta las siete de la tarde. 

–  Las visitas guiadas se realizan en ruso e inglés. Pronto, los extranjeros tendrán la oportunidad de conocer la tragedia del pueblo belaruso en italiano y español, así como de utilizar el servicio de interpretación para sordos. En el museo hay audioguías en ruso, belaruso, inglés y chino. La información que se transmite a los visitantes se actualiza en función de los datos de la Fiscalía General. Los guías ofrecen las cifras que se conocen a día de hoy: la información más actualizada que surge en el curso de la investigación del proceso penal sobre el genocidio del pueblo belaruso durante la Gran Guerra Patria, afirma el director del museo Khatyn, Dmitri Viltovski.

No solo los belarusos, sino también representantes de decenas de países de todo el mundo vienen para rendir homenaje a los habitantes fallecidos de Khatyn. La gran mayoría procede de la Federación de Rusia. Y no se trata solo de las regiones más cercanas a nosotros, sino que también acuden personas de Yakutsk, Magadán y Vladivostok. 
Según Dmitri Viltsovski, los habitantes del espacio postsoviético recuerdan desde la escuela el nombre de la aldea belarusa de Khatyn quemada por los fascistas. Pero cuando llegan al complejo conmemorativo y comprenden que detrás de ese punto en el mapa se esconde toda una tragedia de tres años de todo el pueblo, esto les causa una impresión imborrable. Para muchos es un enorme shock y una conmoción que el museo no solo cuente la historia de los habitantes fallecidos de la aldea, sino que aquí se muestre cómo fueron exterminados millones de vidas humanas.
 
– Recuerdo las palabras del presidente de la Cámara Baja del Parlamento de Kazajistán, Yerlan Koshanov, quien tras la visita dijo: “Khatyn es un lugar especial para cada persona, del que se sabe y se recuerda desde los años escolares. Pero no nos dábamos cuenta de que detrás de ese nombre se esconde una tragedia nacional de tal magnitud”. A veces oímos algo similar de nuestros compatriotas, que, tras visitar el museo, exclaman: “¡Cuántas cosas no sabíamos!” No importa si la persona viene de China, de la isla de Mauricio o del continente africano. Todos tienen familias, hijos, padres, y cuando empiezas a hablar de los más pequeños que fallecieron, de los ancianos y los enfermos a quienes, si no podían levantarse de la cama, fusilaban allí mismo, eso no deja indiferente a nadie, nota Dmitri Viltovski.
El 22 de marzo en el complejo conmemorativo se presentará un libro sobre la tragedia de Khatyn. Esta nueva edición es un homenaje a la memoria del antiguo director del complejo conmemorativo, Artur Zelski, fallecido en enero del año pasado. El libro se asemeja, en cierto sentido, al propio museo. Contiene una exposición histórica en la que se describen diez siglos a lo largo de los cuales tuvieron lugar en el territorio de Belarús terribles guerras y batallas que se cobraron millones de vidas humanas. Se describe detalladamente la historia de la aldea de Khatyn desde las primeras menciones hasta el día de la tragedia. Se presta gran atención al inicio de la Gran Guerra Patria en la tierra belarusa y al periodo de ocupación del territorio de Belarús, así como al hecho de que Khatyn es solo una de los miles de aldeas desaparecidas, y que hay otras similares en cada provincia. Los empleados del complejo conmemorativo están trabajando paralelamente en otros dos libros. En mayo se presentará a los lectores la publicación “Colina de la Gloria”, y en junio – “Dalva”. Los tres libros se publicarán en ruso, belaruso e inglés.

Algunos datos más

1. El 22 de marzo tendrá lugar una ofrenda popular en el complejo conmemorativo Khatyn. Ese día acudirán miles de personas para rendir homenaje a las víctimas inocentes de la tragedia y depositar flores ante el Fuego Eterno.

2. El 19 de marzo, en el vestíbulo del museo se inauguró la exposición única “El destino me regaló la felicidad de vivir…”, en la que, durante un mes, se podrán ver fotografías, documentos de archivo y materiales que narran los destinos de los testigos de la tragedia de Khatyn. Muchas de las piezas expuestas aquí se han conservado durante décadas en archivos familiares y nunca antes se habían mostrado al público.
3. En la sexta y última sala del museo se presentan los terribles hallazgos descubiertos por los equipos de búsqueda y los empleados de la Fiscalía General durante la investigación del proceso penal por genocidio. No se trata simplemente de artefactos, sino de pruebas materiales del exterminio deliberado del pueblo belaruso.

4. Khatyn fue destruida el 22 de marzo de 1943 junto con sus habitantes. Los fascistas reunieron a ancianos, mujeres y niños en un granero y los quemaron vivos – en total murieron 149 personas, entre ellas 75 niños. El habitante más pequeño no había cumplido aún los dos meses de edad en el momento de la tragedia. El 5 de julio de 1969, en el lugar de la aldea desaparecida se inauguró un complejo conmemorativo que se ha convertido en un símbolo de la memoria eterna de todas las aldeas belarusas quemadas. Desde su creación, lo han visitado alrededor de 40 millones de personas.

Yulia Gavrilenko, periódico “7 Dnei”. Fotos de Tatiana Matusévich.-0- 
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