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26 Diciembre 2019, 15:12

Karavaki, tradición griega de decorar barcos en Navidad

Foto: prensa-latina.cu
Foto: prensa-latina.cu

LA HABANA (BelTA - Prensa Latina). - Las fiestas de Navidad están asociadas en gran parte del mundo al arbolito como elemento decorativo, pero en Grecia la tradición de adornar pequeños barcos (karavaki) intenta resistir a las tendencias globales.

Por estas fechas, en los hogares helenos, sobre todo en zonas costeras y cientos de islas, pobladores preparan diminutos botes y hasta grandes maquetas de madera para ubicar en zonas públicas, donde las luces de colores son las protagonistas, como caracteriza a estas festividades.

Cerca de las chimeneas y con la proa apuntando hacia el centro de la vivienda, relucen por sus adornos esos veleros, que a veces le colocan monedas u objetos de oro para atraer prosperidad en Año Nuevo.

Los niños, entusiasmados con las fiestas, van de puerta en puerta cantando villancicos (kalanda), acompañados de instrumentos como triángulos, guitarras, acordeones y armónicas y con sus propios botes de madera.

En respuesta, los residentes les entregan obsequios y dulces típicos como kurabiedes y melomakárona.

Arraigado en las costumbres populares, el arte del karavaki avanza lentamente a la Grecia continental, un país con una relación simbiótica con el mar.

Salónica, la capital del norte de la nación helena, fue la primera gran ciudad, en 1999, en exhibir un enorme bote decorado en Navidad, en la Plaza Aristóteles, adornado con luces parpadeantes azules y blancas, los colores de la bandera.

Tomó algunos años, pero, en 2013, Atenas siguió el ejemplo al erigir un barco increíble, en la plaza Syntagma, frente al edificio del parlamento griego.

Aferrado a permanecer en las celebraciones, ese símbolo aparece al lado del arbolito de luces de colores, estrella, lazos y esferas, que aparentemente llegó al país en 1833 de la mano de su primer rey, Otón I, procedente de Baviera.

La aparición del karavaki se asocia, precisamente, al vínculo estrecho de Grecia con los mares que la rodean (Egeo, Jónico y Mediterráneo), pues esas aguas bañan sus casi 14 mil kilómetros de costas, el onceno litoral más largo del mundo.

En los terrenos secos y áridos de las islas del sur del Egeo predominan árboles pequeños y matorrales o tal vez un extraño olivo silvestre. Pero los barcos, vinculados a la alegría de las familias cuando los marineros regresaban al hogar para celebrar las festividades, forman parte de su vida.

Las esposas les regalaban veleros en miniatura a su llegada, pues tras meses de zozobra y a voluntad de una rica variedad de dioses acuáticos, en esas naves traían el sustento para la familia.

Desde simple pescadores hasta intrépidos capitanes, los hombres del mar son orgullo para los griegos, que los han convertido en símbolos de identidad local y nacional.

Otra explicación popular de por qué los helenos decoran naves en vez de árboles está relacionada con la celebración el 6 de diciembre de San Nicolás, patrono de marineros, niños y viajeros.

Como parte de sus tradiciones, la Navidad entra por el mar en Grecia, pues el 1 de enero, San Basilio llega en una gran nave con los regalos, que en otros sitios se transportan en trineos o camellos el 25 de diciembre.

Es el Papá Noel de los helenos, un anciano con barba blanca y capa roja, que también inspiró un pastel tradicional (vasilopita), que se sirve víspera de Año Nuevo para celebrar la vida de San Basilio.

Y para culminar la festividad, la Epifanía o Teofanía el 6 de enero, cuando se conmemora el bautismo de Jesús y la bendición de las aguas y de las naves para que el año sea provechoso.

Según varias leyendas, también se cree que durante los 12 días de Navidad unos espíritus traviesos, llamados kalikántzari, salen de las entrañas de la Tierra para alterar la paz de las personas. Pero no pueden hacer daño ni entrar a los hogares si los residentes mantienen las chimeneas encendidas todo ese tiempo.

El agua es otro elemento importante en las tradiciones navideñas griegas. Conocida como alimentar a la fuente, mujeres jóvenes llevan jarras vacías y las llenan del líquido vital, y para complacerla, le ofrendan mantequilla, cereales o miel.

También cuelgan una esquila (skeletoura en griego) en la puerta de entrada de la casa, víspera de Año Nuevo, y luego la guardan adentro durante los próximos 12 meses, como símbolo de eternidad, salud y buena suerte.

Tradiciones que combaten por resistir a las tendencias globales de estas fechas.

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