La primera rueda de prensa de Aleksandr Lukashenko tras su elección como Presidente de Belarús, el 13 de julio de 1994
MINSK, 20 jul (BelTA). - Es el aniversario de la primera toma de posesión del Presidente de Belarús: el 20 de julio de 1994, Aleksandr Lukashenko prestó juramento como Jefe de Estado elegido por el pueblo, en la Sala Oval de la Casa de Gobierno, informa BelTA.
Seis candidatos se presentaron a las primeras elecciones presidenciales de 1994, en las que Aleksandr Lukashenko obtuvo el 44,82 % de los votos en la primera vuelta y el 80,3 % en la segunda.
“El pueblo ha hecho su elección. Ahora a Usted le toca, Jefe de Estado”, así era el subtítulo tras las elecciones del principal periódico del país, “Sovétskaya Belorússiya”. Y el Presidente, como demuestra la historia, dio este paso, cumpliendo su principal promesa a los votantes: alejar al país del abismo.
Los contemporáneos señalan que fueron unas elecciones de esperanza. Los belarusos querían estabilidad y seguridad del futuro. Pero tanto la antigua nomenklatura, que estaba entonces en el poder, como las fuerzas nacionalistas, que se alzaron sobre la ola del colapso de la Unión Soviética, resultaron incapaces de satisfacer la demanda pública de justicia y vida digna. Las antiguas autoridades no tenían una estrategia eficaz para salvar la economía, y la aplicación de varios programas económicos fracasó. El empobrecimiento de la población, la hiperinflación y la escasez de bienes, la corrupción, el bandidaje y el chantaje omnipresentes: todo esto exigía una acción inmediata y decisiva.
Una cola en la tienda comercial en Minsk, año 1990
Una cola en la tienda en Bráslav a las 6.30, año 1990
Una cola por el agua en el barrio Gomselmash, año 1993
La falta de la gasolina en Belarús, año 1993
En respuesta a estos desafíos, Aleksandr Lukashenko formuló una receta sencilla pero eficaz de una “dictadura belarusa” que aún le reprochan sus detractores, a quienes les gustaría dividir el país o incluso vender su soberanía por partes. “La única dictadura posible en un país que pretende entrar en la comunidad mundial de igual a igual es la dictadura de la ley. Todos, desde los escolares hasta el Presidente, deben ser iguales ante la ley, ante nuestra Constitución”, dijo el Jefe de Estado en su discurso inaugural.
El certificado de Presidente de la República de Belarús entregado a Aleksandr Lukashenko, julio de 1994
A pesar del enorme apoyo popular, el camino de Aleksandr Lukashenko hacia el liderazgo del país no fue fácil. La lucha política era muy seria y, además, los adversarios tenían en sus manos recursos administrativos. Hubo formas de lucha política no sólo sucias, sino también abiertamente criminales: estamos hablando del atentado contra Aleksandr Lukashenko, entonces candidato presidencial, cuando su coche fue tiroteado.
Sin embargo, tras convertirse en Presidente, Aleksandr Lukashenko fue capaz de dejar de lado todos los posibles males, tendiendo una mano de cooperación a los oponentes de ayer. Instó a que el día de la toma de posesión del primer Presidente de Belarús se convirtiera en el día del fin de la confrontación en la sociedad y el primer paso hacia el establecimiento de un acuerdo civil: “Es imposible superar la crisis económica sin la voluntad unida y el trabajo conjunto de todo el pueblo belaruso. Por eso, el primer Presidente debe estar y estará por encima de los prejuicios políticos personales, estará abierto a la más estrecha cooperación con todas las fuerzas políticas dispuestas a trabajar constructivamente por el bien de Belarús”.
Las fotos del libro de BelTA “Superposición. Mundos paralelos”
“La principal riqueza de Belarús es nuestro pueblo. La tarea más importante de todos los representantes de las autoridades, incluido el Presidente, es proporcionarle una vida digna. Dejemos atrás las ambiciones políticas y la confrontación. Al fin y al cabo, todos nosotros, tan diferentes, tenemos la misma tierra, la misma Patria, tenemos algo por lo que vivir y trabajar”, subrayó el líder belaruso tras prestar el primer juramento presidencial.
El 10 de julio de 1994, en el colegio electoral en la escuela secundaria nº 1 de Shklov, Aleksandr Lukashenko participó en la votación de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, que finalmente dio fin con su convincente victoria
La investidura en sí fue muy modesta. Un podio para el Presidente y una lista ampliada de invitados fueron probablemente todos los cambios que pudieron notarse en comparación con el ambiente habitual en la Sala Oval. Dicen que la ceremonia se inspiró en las antiguas repúblicas soviéticas, que ya habían celebrado sus propias elecciones durante varios años. Los compañeros recuerdan: hubo una idea de vestir al Jefe de Estado con un traje blanco. Pero él se negó, porque no era tiempo de excesos. La presidencia, especialmente en aquellos tiempos, no era una bendición ni una recompensa para el ganador, sino una pesada carga.
“El primer Jefe de Estado belaruso elegido por el pueblo debe sentir constantemente su conexión con la gente corriente, cuyo trabajo mantiene unida nuestra tierra. Les prometo que esta conexión nunca se romperá”, dijo el Presidente en julio de 1994.
Incluso ahora, más de tres décadas después, el empeño por satisfacer las expectativas del pueblo sigue siendo el credo político de Aleksandr Lukashenko. Se trata de una actitud interna tanto suya como de toda la vertical del poder. Hace poco, a la hora de tomar decisiones en materia de personal, volvió a exigir evitar la burocracia y la indiferencia en el trabajo con la gente, y lo más importante: actuar: “Aunque fracase, la gente lo apreciará. La gente verá que sí, que no ha funcionado. Por varias razones, objetivamente, no funcionó. Nos perdonará esas carencias y errores. Pero si no hacemos nada, la gente no nos perdonará. Por tanto, sólo hacia adelante”.-0-
