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31 Marzo 2026, 17:09

El pueblo asombró al Presidente y él se lo agradeció. "Cómo fue" en 2004

Aleksandr Lukashenko durante un viaje de trabajo, 2004
Aleksandr Lukashenko durante un viaje de trabajo, 2004
MINSK, 31 mar (BelTA). – Pocos años en la historia de cualquier Estado son sencillos y sin nubes. El tiempo trae sus propios desafíos y dicta las dificultades que deben superarse para el desarrollo futuro. Tampoco fue fácil el año bisiesto 2004. Muchos países se estremecieron por atentados terroristas y desastres naturales. La situación también era tensa en los frentes políticos, lo que, por supuesto, afectaba a Belarús, situada en el centro de Europa. Pero la memoria histórica de nuestro pueblo demuestra que se puede hacer frente a todos los desafíos si se cuenta con una retaguardia segura y sentido común. Por ello, en 2004, a pesar de la tensa situación, los belarusos criaban a sus hijos con tranquilidad, desarrollaban la medicina, preservaban el campo, perfeccionaban la educación y cuidaban la memoria del pasado. No entraban en pánico, sino que avanzaban con confianza. Por decreto presidencial, 2004 fue declarado Año de la Aceleración y la Calidad. Todo lo que nos rodea debe ser de la más alta calidad, insistía Aleksandr Lukashenko. Una tesis que sigue siendo válida para 2026. Y cómo se aplicó hace 22 años, lo contamos en el nuevo episodio del proyecto de YouTube de BelTA "Cómo fue".
Cómo Belarús mantuvo su rumbo - en interés del pueblo, no de oligarcas y clanes

El acontecimiento político interno clave de 2004 en Belarús fue el referendo republicano. Se sometió a consideración popular una pregunta: "¿Permite usted que el primer Presidente de la República de Belarús, Aleksandr Grígorievich Lukashenko, participe como candidato a Presidente de la República de Belarús en las elecciones presidenciales y acepta usted la primera parte del artículo 81 de la Constitución de la República de Belarús en la siguiente redacción: "El Presidente es elegido por cinco años directamente por el pueblo de la República de Belarús sobre la base del sufragio universal, libre, igual y directo por votación secreta"?".

El referendo se celebró el 17 de octubre de 2004, el mismo día que las elecciones a la Cámara de Representantes de la Asamblea Nacional. Por aquel entonces, incluso antes del día de la votación, algunos ya declararon inválidos sus resultados. Sobre la elección belarusa, como siempre, disertaban más los representantes de las estructuras "democráticas", amparándose en altisonantes palabras sobre la libertad. Algunos observadores internacionales llegaron a Belarús con borradores de informes sobre violaciones y la falta de adecuación del proceso electoral a las normas democráticas. Sin embargo, no obtuvieron en Belarús material real que corroborara sus borradores. La imagen de unas elecciones libres, con el Presidente votando tranquilamente junto al resto de los electores en el colegio electoral, claramente no encajaba en las tesis sobre el carácter "no democrático" de los comicios belarusos. Y ante los intentos de acusar a los belarusos de haber celebrado mal el referendo, Aleksandr Lukashenko simplemente dijo: "No hay ningún Estado cuyas élites y dirigentes hoy no se froten las manos y esperen: "¿qué es lo que van a conseguir estos belarusos?". Nosotros hemos ido por otro camino. Todos esperan. Debemos demostrar quién manda".
Y recordó que solo el pueblo belaruso es el dueño de su país. Al fin y al cabo, el propio Presidente pidió permiso al pueblo para poder participar en las elecciones presidenciales de 2006.

"Si el pueblo me dice hoy "sí" y me apoya, significará que me esforzaré aún más por trabajar mejor y con más seguridad. Sabré que junto con mis colegas, con el Gobierno, he estado llevando a cabo el rumbo que el pueblo necesita. Estarán de acuerdo en que el Presidente de Belarús no trabaja en interés de ciertos clanes, oligarcas y grupos. El Presidente de Belarús trabaja ante todo para el pueblo, y la voluntad del pueblo, el apoyo del pueblo, son para mí el factor más importante. El más importante", declaró Aleksandr Lukashenko en el colegio electoral.

En octubre de 2004, 5 548 477 personas (el 79,42 % de los ciudadanos incluidos en las listas para votar) dijeron "sí" al Presidente. El resultado del referendo fue la eliminación de la primera parte del artículo 81 de la Constitución, la norma que limitaba el ejercicio de la presidencia por una misma persona a no más de dos mandatos consecutivos. La naturaleza de las relaciones entre los tres poderes del Estado no se modificó. Tampoco cambiaron las garantías de los derechos y libertades del hombre y del ciudadano previamente establecidas. Gracias a esta actualización, la Constitución se convirtió no solo en un reflejo de los cambios políticos y socioeconómicos, sino también en un documento que definió el vector de desarrollo de la estatalidad belarusa.

"Los resultados del referendo fueron asombrosos para mí. No esperaba ni esa participación ni ese porcentaje de apoyo. Incluso los observadores presentes aquí declararon que no tenían objeciones ni al proceso electoral ni a los resultados de la votación", dijo Aleksandr Lukashenko a los periodistas tras el referendo. "El pueblo dio un 27 % más de votos de los que en principio se necesitaban para aprobar la decisión en el referendo. ¿Qué más se puede desear si de 110 diputados se eligieron 108? ¡Es un resultado sorprendente! Es decir, no nos vimos arrastrados a elecciones permanentes de segunda vuelta, elecciones repetidas, etcétera. Por lo tanto, no había absolutamente ninguna necesidad de falsificar los resultados de las elecciones y el referendo para algún problema y críticas adicionales. Ya tenemos suficientes. Partimos ante todo de esto. Por eso quiero agradecer a los ciudadanos de la República de Belarús el enorme e impactante apoyo que me han brindado. Haré todo lo posible para que no se arrepientan de su elección, de que me hayan apoyado una vez más".

El Parlamento, elegido ese mismo año 2004, desde el principio se centró en desarrollar leyes verdaderamente necesarias para la economía y el sistema social. He aquí algunos datos interesantes. Alrededor del 30 % de los diputados elegidos a la Cámara de Representantes en 2004 eran mujeres, algo en lo que insistía, por cierto, el Presidente promujer, como a menudo se autodenomina Lukashenko. Un tercio de los diputados lograron conservar sus escaños de la convocatoria anterior, lo cual es importante para la continuidad. En la composición renovada de los representantes del pueblo entraron representantes de todos los ámbitos: industriales, agricultores, representantes de la educación y la sanidad, jóvenes y veteranos, personas dispuestas a dedicarse no a hacer política, sino a crear leyes necesarias para la sociedad, que surgen de la tierra, de la vida, del pueblo.

El referéndum zanjó las cuestiones políticas y llegó el momento de ocuparse de los asuntos concretos.

Cómo el Estado agradeció al pueblo

Es práctica habitual aumentar el nivel de confianza de los ciudadanos subiendo las pensiones y los salarios, introduciendo nuevos beneficios justo antes del día de la votación. Pero esa no es la práctica belarusa. Mejorar de manera planificada y sistemática la calidad de vida de las personas sin prestar atención a los exámenes políticos, esa es la opción belarusa.

En 2004, Belarús fortalece su estatus de Estado socialmente orientado. Las pensiones, becas y prestaciones no solo se pagan puntualmente, sino que se habla de su aumento sustancial. El Presidente y el Gobierno dieron un paso sin precedentes para aquella época: los salarios en el sector público aumentaron en promedio un 22,5 %, y la pensión por vejez creció un 17 %. Desde el 1 de noviembre, los ingresos de todas las categorías de ciudadanos aumentaron considerablemente. Las becas de los estudiantes belarusos se convirtieron en las más altas de la CEI. Como resultado del aumento de los salarios y las prestaciones sociales, mejoró la situación material de más de 7 millones de belarusos. Esto le costó al presupuesto casi mil millones de dólares. Está claro, el dinero no vino del aire: esos mil millones los ganaron los belarusos. El Estado aseguró el progreso económico, abriendo así nuevas perspectivas para una vida digna. La lógica es extremadamente sencilla: si la gente gana dinero, el país se fortalece.

Un capítulo aparte de gastos es el apoyo a las familias numerosas. La situación demográfica es compleja y hay que motivar a la gente para que tenga hijos. El estímulo está definido: ayuda para resolver la cuestión de la vivienda. Al mismo tiempo, no se puede permitir el parasitismo.

El Presidente es categórico en este sentido: "Tenemos pocas familias numerosas. Hay que darles prioridad para mejorar las condiciones de vivienda. Pero al mismo tiempo, las familias deben saber que les ayudaremos, pero también controlaremos y exigiremos. Al Estado no le es indiferente a quién ayudamos y en qué condiciones crecen nuestros hijos. Necesitamos ciudadanos de verdad para el país. Y no debemos permitir que los padres de estas familias se conviertan en parásitos".

Los niños deben vivir en condiciones confortables, deben estar sanos: verdad incuestionable que en el Estado belaruso siempre se ha tenido presente. A principios de la década de 2000, en el país se observaba una tendencia muy preocupante: entre 1990 y 2000, la incidencia primaria de cardiopatías congénitas se duplicó, y cada año nacían en Belarús entre 800 y 900 niños con enfermedades que requerían operaciones complejas para su tratamiento. Detrás de estas frías estadísticas se esconden cientos de vidas infantiles. A principios del año 2000, el Presidente firmó un decreto que aprobaba el programa estatal para fortalecer la base material y técnica de las instituciones de salud hasta 2005. El documento preveía la construcción de un centro de cirugía cardíaca infantil. Aleksandr Lukashenko supervisó personalmente el proceso. En general, en Belarús nunca se ha escatimado en fondos para el tratamiento de los niños. En noviembre de 2004, se creó el Centro Científico y Práctico Republicano "Madre e Hijo", que se convirtió en el centro nacional de obstetricia y ginecología, pediatría y genética médica. Gracias a la labor de este centro, Belarús tiene una de las tasas de mortalidad infantil más bajas del mundo, y este es un caso en el que las bajas cifras significan una gran victoria.
Victorias brillantes en los escenarios deportivos

La nación se recupera no solo en las instituciones médicas, sino también en las instalaciones deportivas. No es casualidad que el culto a un estilo de vida saludable se haya convertido firmemente en una de las prioridades de la política estatal de Belarús. El Jefe de Estado motivó a los belarusos a practicar deporte con su propio ejemplo. Y el año 2004 fue ejemplar en este sentido. Por ejemplo, en Ráubichi se celebró el IX Campeonato Europeo de Biatlón. Su inauguración tuvo lugar en el corazón de Minsk, en la plaza Oktiábrskaya, con la participación del Presidente. Entonces, en el Campeonato Europeo, los biatletas belarusos ganaron 9 medallas, lo que les aseguró el segundo lugar en la clasificación general. En 2004, después de la reconstrucción, se inauguró el Palacio de Deportes de Minsk. El primer partido en la arena renovada tuvo lugar con la participación de Lukashenko. En el hielo se enfrentaron el equipo de veteranos de hockey "Estrellas de Rusia" y el equipo del Presidente de Belarús.
Los belarusos mostraron resultados asombrosos en los escenarios deportivos en 2004. Solo el partido de la Copa Davis (octavos de final del Grupo Mundial de 2004), que Minsk acogió, vale la pena mencionar. Sí, esos días en Belarús fueron recordados por muchos aficionados al tenis. Durante el partido con Ígor Andréyev, el tenista belaruso Vladímir Volchkov sufrió una grave lesión en la pierna. Maksim Mirny luchó por sí mismo y por el otro chico: en un tenso partido, venció a Marat Safin. Al día siguiente, Maksim Mirny venció a Andréyev, empatando el marcador del partido 2-2. El punto final de este enfrentamiento se puso cuando Vladímir Volchkov salió a la cancha sin yeso y venció al ruso Mijaíl Yuzhny en el enfrentamiento decisivo. Y los tenistas belarusos siguieron adelante. En el partido de cuartos de final, vencieron al equipo de Argentina con un asombroso marcador de 5-0 y por primera vez en 10 años de participación en la Copa Davis llegaron a las semifinales.

El éxito de los tenistas no fue casual. Fue el resultado de un trabajo sistemático y bien planificado para la preparación de atletas de élite. En 2004, Aleksandr Lukashenko fue reelegido presidente del Comité Olímpico Nacional y dedicó mucha atención al desarrollo del deporte. El hecho de que Belarús estaba en el camino deportivo correcto fue demostrado al mundo entero en 2004 por una joven de Brest, Yulia Nesterenko. En los Juegos Olímpicos de Atenas, la atleta belarusa ganó la distancia de carrera más prestigiosa de 100 m con un resultado de 10,92 segundos. Fue, sin exagerar, una sensación. Por primera vez desde 1980, la ganadora del sprint femenino no fue una representante de Estados Unidos. 

El judoka Ígor Makárov también obtuvo una victoria histórica en Atenas. Hasta el día de hoy, su medalla es la única medalla olímpica para el judo belaruso. En total, los belarusos trajeron 15 medallas de Atenas, además de las dos de oro, ganaron 5 de plata y ocho de bronce.

¿Dónde se conserva el potencial intelectual de la nación?

En Belarús, una de las principales tareas siempre ha sido preservar y elevar el nivel intelectual de las personas. De ahí la gran atención a la educación. El año 2004 fue especial para la educación superior. Desde 2004, para ingresar en las universidades, los solicitantes deben aprobar obligatoriamente las pruebas centralizadas. La nueva forma de exámenes de ingreso se ajusta plenamente al principio esencial de nuestro sistema educativo: la justicia. Un examen transparente y objetivo que excluye la posibilidad de ingresar en la universidad por la "puerta trasera". Todo lo deciden solo los conocimientos. Para que todo fuera transparente y objetivo, en 2004, por decreto del Presidente, se creó por primera vez una comisión estatal para controlar el progreso de la preparación y realización de los exámenes de ingreso en las instituciones que brindan educación superior y secundaria especializada. La comisión, por cierto, está directamente subordinada al Jefe de Estado.

Un evento significativo para la educación belarusa fue la apertura en 2004 de la Universidad Estatal de Baránovichi. La universidad se convirtió en la primera institución estatal de educación superior abierta en la joven y soberana Belarús. Desde la idea hasta la implementación, medio año. Y desde el principio, bajo el control personal del Jefe de Estado. Hubo muchas disputas sobre la conveniencia de esta idea. Parecía que ya había suficientes universidades en el país. Pero si se mira más a fondo, se hace evidente: Baránovichi es un gran centro agroindustrial, un poderoso nudo de transporte. La economía de la región requiere nuevo personal. Y la clave de su estabilidad puede ser la existencia de un sistema propio de formación de especialistas cualificados. Por lo tanto, el Presidente tomó la decisión: la Universidad Estatal de Baránovichi debe existir. Y firmó el decreto sobre su creación. Y el 1 de septiembre entregó la llave simbólica de la nueva universidad a estudiantes y profesores.
Una antorcha que simboliza el bienestar de los belarusos

Es obvio que la creación de una nueva institución de educación superior es un proyecto costoso. Y solo un país que no se rompe la cabeza pensando en cómo llegar a fin de mes, sino que piensa en cómo mejorar la calidad de vida de su gente, puede permitírselo. Y no solo piensa en ello, sino que hace todo lo posible para lograrlo. En 2004 se completó el proceso de gasificación de Polesie, un gran acontecimiento para cada localidad en particular y para todo el país en general. De 1994 a 2004, la longitud de los gasoductos y las redes de distribución en el país aumentó en más de 10 mil km. Esto es tanto como lo que se construyó en los 30 años anteriores a este período. A principios de 2004, se habían gasificado 103 de las 118 regiones de la república, 146 ciudades, casi 1500 aldeas, 3,5 millones de apartamentos y 3 empresas industriales, lo que representa más de 25 mil km de gasoductos.

La construcción y operación de gasoductos, el transporte y suministro de gas, todo esto no es fácil ni barato. Pero para un proyecto de importancia estatal, como lo fue la gasificación, no se escatimaron fondos ni esfuerzos. Aleksandr Lukashenko, en este asunto, prestó atención a las necesidades de la gente en el presente y pensó en el futuro.
"Si no hubiéramos gasificado desde 1995, solo cinco regiones habrían recibido gas. Si no hubiéramos gasificado la provincia de Vítebsk, no tendrían hoy esta comodidad, belleza y al menos un salario mínimo. Me refiero a que el gas reduce significativamente el costo de producción. La segunda dirección es la resolución de los problemas de las personas. Es conveniente para nuestra gente. Se podría no haber hecho, como lo hacen otros estados, dejarlo como está. Pero ¿qué quedará de nosotros, los políticos, cuando nos vayamos? ¿Y qué les dejarán a sus hijos? ¿Ruinas, cenizas? No. Debemos hacer todo lo posible hoy", dijo el Jefe de Estado en Glubókoye, donde en octubre de 2004 encendió personalmente una antorcha simbólica. Esto, por cierto, lo hizo en muchas regiones.

"Este futuro debe sentarse hoy mismo"

En el trabajo con las regiones, el Presidente también hizo hincapié en Polesie, una tierra única con gente trabajadora y suelos fértiles, que fue la más afectada por las consecuencias del accidente de Chernóbil. La rehabilitación y recuperación de estos territorios es una cuestión de importancia estatal. En 2004, Aleksandr Lukashenko realizó un largo viaje: el Jefe de Estado trabajó en la provincia de Gómel durante casi 10 días, estudiando cuidadosamente todos los problemas y las formas de resolverlos.

"No tenemos a nadie en quien confiar. Este problema se ha convertido en nuestro. Es nuestro dolor, y lo llevaremos solos. Lo principal es desarrollar una estrategia: debemos tener una idea clara de lo que sucederá en estas tierras dentro de 5-10 años y más allá. Este futuro debe sentarse hoy mismo", dijo el Presidente en 2004 a los habitantes de Polesie.
Ya desde el presente, responderemos al Presidente que la estrategia establecida en aquel entonces se justificó plenamente: hoy en estas tierras vive gente, cultiva pan, tiene hijos y, en general, se siente de maravilla.
Belarús es un país agrario. En 2004, la producción agrícola representaba aproximadamente el 8 % del producto interior bruto, y los habitantes de las zonas rurales constituían un tercio de la población. Si salvamos el pueblo, salvamos el país, no se cansa de repetir el Jefe de Estado. El año 2004 fue preparatorio para la implementación del programa de revitalización rural, diseñado para 2005-2010. Este programa no se creó en los despachos ministeriales, sino, como se dice, "sobre el terreno". Una exigencia estricta del Presidente fue identificar los puntos débiles en las zonas rurales, en las pequeñas ciudades y regiones, y desarrollar una solución integral a los problemas. Aleksandr Lukashenko estudió personalmente todas las cuestiones - la mejora de tierras, la vivienda, el suministro de equipos a las explotaciones, la construcción de complejos lecheros, el cultivo de nuevas especies - visitando diferentes localidades y hablando con la gente. Porque en el centro de todo estaba la persona y sus intereses. Muchos elementos del programa comenzaron a implementarse ya en 2004: se construyeron activamente viviendas en las zonas rurales, carreteras y gasoductos, se introdujeron estándares sociales en todas partes y se lanzó una campaña para transferir las explotaciones deficitarias a manos privadas. En 2004, los agricultores belarusos lograron una cosecha de grano sin precedentes en ese momento: más de 7 millones de toneladas. Junto con el grano de las parcelas de los aldeanos, esta cifra alcanzó los 8 millones de toneladas. El rendimiento medio de los cereales en el país superó los 33 quintales por hectárea. Al hablar en Dazhynki en Volkovysk, el Presidente calificó este resultado como una victoria inmensa.
¿Cuál es el secreto de una vida mejor?

El secreto de los éxitos de Belarús radica en que nuestra gente es trabajadora, nunca se conforma con lo conseguido y se toma su trabajo con la máxima responsabilidad. En 2004, el Presidente firmó la Directiva nº 1 “Sobre medidas para reforzar la seguridad pública y la disciplina”.
“Deben adoptarse medidas concretas en cada lugar de trabajo, en cada colectivo, en cada empresa. No podremos vivir mejor sin una disciplina firme y una actitud responsable hacia el trabajo por parte de todos y cada uno. Hemos dedicado muchos esfuerzos para que nuestra tierra sea más limpia, más bella y más acogedora. Ahora hay que hacerla aún más segura. Precisamente a eso apunta la Directiva”, cita el discurso del Presidente con motivo de la firma del documento.

La primera Directiva, firmada por Aleksandr Lukashenko, prevé, entre otras cosas, el restablecimiento del orden en el país y las mejoras. No, no nos hemos equivocado de época al hablar de esto. Los objetivos del Año de la Mejora, proclamado en 2025, ya figuraban en la agenda hace 22 años. A quienes criticaban este enfoque, Aleksandr Lukashenko les respondía sin rodeos: “Solo quiero responder a algunos críticos que “refunfuñan” desde detrás de las vallas y desde las esquinas, diciendo que se invierte tanto dinero en el desarrollo y el mantenimiento del orden en Minsk y en las ciudades, que se construyen y se rehabilitan instalaciones deportivas, etc., y que sería mejor repartir ese dinero. No lo sé. Cuando se conviertan en presidentes, repartirán el dinero. Pero con esto estamos dando ejemplo de cómo hay que hacerlo, en qué dirección hay que avanzar. No vamos a andar toda la vida con zapatos de paja y quedarnos en los arrabales de esta misma Europa. Si gritamos que estamos en el centro de Europa, entonces el centro debe ser un centro digno: limpio, bonito, acogedor. Debemos mostrar cómo hay que hacerlo”.

¿Cómo no perderse a uno mismo estando en el centro de Europa?

El centro de Europa debe ser limpio, bonito y acogedor no solo para nuestros contemporáneos y para nuestros descendientes, sino también para nuestros abuelos. El año 2004 estuvo marcado por el 60º aniversario de la liberación de Belarús de los invasores nazis. El comité organizador para la preparación y celebración de esta fecha conmemorativa fue presidido personalmente por Aleksandr Lukashenko. En la práctica del trabajo del Presidente, estos casos son poco frecuentes. Pero, teniendo en cuenta el enorme respeto hacia los veteranos y la memoria de los caídos, y subrayando la enorme importancia de este día en nuestra historia, Aleksandr Lukashenko tomó la decisión de dirigir personalmente el trabajo del comité organizador. El trabajo no se llevó a cabo en despachos, sino directamente en lugares emblemáticos: en Moguiliov, en la Colina de la Gloria, en Brest. Y el líder belaruso visitó Khatyn junto con el Presidente de Rusia, Vladímir Putin, y el Presidente de Ucrania, Leonid Kuchma.

El 3 de julio de 2004 tuvo lugar un desfile festivo junto a la estela “Minsk, ciudad heroica”. Una novedad de ese desfile fue la parte histórica: por la avenida desfilaron vehículos de la época de la Gran Guerra Patria y soldados con uniformes de la época.
Aleksandr Lukashenko felicita a los veteranos de la Gran Guerra Patria – participantes del desfile del 3 de julio de 2004
Las numerosas guerras han enseñado a los belarusos a valorar y preservar la paz. Por eso, nos esforzamos por defender nuestros intereses de política exterior exclusivamente por medios pacíficos. En 2004, el mundo se enfrentó a un desafío muy complejo, que amenaza por igual a todos los pueblos, incluido el belaruso: el terrorismo. Solo es posible hacer frente a esta amenaza de manera eficaz mediante un frente único de Estados. Belarús asume con gran responsabilidad su papel en el sistema antiterrorista común.

“Condenamos enérgicamente el terrorismo, independientemente de sus motivos. La comunidad internacional tiene en nuestra persona un aliado fiable en la lucha contra esta peste del siglo XXI. Rechazamos rotundamente la guerra como instrumento de política exterior. Nuestras Fuerzas Armadas solo pueden utilizarse con un único objetivo: repeler la agresión armada y defender la independencia y la integridad territorial del Estado”, declaró el Presidente en el desfile del Día de la Independencia.

Sobre todo porque para ello lo tenemos todo. En 2004, Belarús ya se había convertido en un país con un impresionante arsenal bélico: figuraba entre los 50 primeros Estados con mayor potencia militar. No se trata de hacer alarde de armas: se necesita una fuerza militar convincente para sentirse seguro. Por desgracia, la historia reciente tanto de Europa como de otras regiones del mundo demuestra que a los débiles no se les tiene en cuenta. A veces, simplemente, ni se les ve. En el mejor de los casos.

En 2004 concluyó una nueva etapa de la expansión de la OTAN hacia el Este. Como resultado, tres de los cinco vecinos de Belarús son miembros de la organización. Esto supone casi mil quinientos kilómetros de nuestra frontera. La postura de Belarús es muy clara: no hay motivos para ampliar el ámbito de actuación del bloque del Atlántico Norte. En respuesta, desde todas las partes se aseguraba que este paso era inofensivo. Y, como resultado, en el territorio de los nuevos países miembros se está desplegando una infraestructura militar con todas las consecuencias que ello conlleva. Pero Belarús está al corriente, perfecciona y reforma el ejército. No para la guerra, por supuesto, sino para responder con seguridad a diversos retos y amenazas.
 
Se están produciendo cambios importantes en los Estados que rodean a Belarús. Un acontecimiento comparable en magnitud a los cambios geopolíticos de finales de los años 80 del siglo pasado fue la ampliación de la Unión Europea con la adhesión de Chipre, Chequia, Estonia, Hungría, Eslovaquia y Eslovenia, así como de nuestros vecinos: Polonia, Lituania y Letonia. Belarús se ha encontrado en una situación interesante: al oeste – tal gigante como la Unión Europea; al este – el gigante euroasiático que es Rusia. La política exterior de Belarús es coherente, y su prioridad es la cooperación con los vecinos, a los que no se eligen, sino que son un hecho de la vida.

Aleksandr Lukashenko declaró al respecto: “Quiero decir con firmeza y rotundidad lo más importante: en la nueva situación, Belarús no es un “Estado tapón” ni un vasallo de tal o cual país. No estamos en una trampa. No somos una piedrecita entre las muelas. Al contrario, la historia y la geografía nos han brindado una oportunidad única. Un Estado moderno, serio, desarrollado e independiente, en lo que nos hemos convertido durante la última década, debe aprovechar esta oportunidad y convertir lo que en siglos pasados fue una maldición histórica en una bendición económica”.

La prioridad incondicional de la política exterior ha sido y sigue siendo la cooperación con la Federación de Rusia; es precisamente aquí donde se concentra la mayor parte de nuestros intereses. En 2004, el nivel de logros prácticos de la integración entre Belarús y Rusia es muy alto: la libertad de circulación, el acceso a la educación, la igualdad de derechos de los ciudadanos, el enorme volumen de comercio y la importancia que cada uno tiene para el otro en el proceso de integración. Pero es posible desarrollar aún más el potencial de la cooperación económica, como señalan los Presidentes Lukashenko y Putin en sus numerosas reuniones. Al desarrollar las relaciones con los vecinos, Aleksandr Lukashenko es consciente de que es necesaria la diversificación de las exportaciones. En 2004, casi la mitad de las exportaciones belarusas se destinaron a nuevos territorios – los países fuera de la CEI. Este enfoque permite combinar de forma ventajosa nuestras capacidades tecnológicas con las posiciones de los empresarios locales en sus mercados regionales, reforzando así las posibilidades de unos y otros. El interés es mutuo. En 2004, Belarús recibió al Presidente de Irán, Mohammad Khatami, y al Presidente de la República Libanesa, Emile Lahoud. Además, el Presidente de Sudán, Omar Al Bashir, realizó la primera visita oficial en la historia de las relaciones diplomáticas bilaterales a Belarús. La política exterior belarusa es multivectorial, nuestro país está dispuesto a cooperar con diferentes Estados, pero el principio fundamental, anunciado por el Presidente, sigue siendo el mismo: “No elegimos Oriente y Occidente, ni entre Oriente y Occidente – elegimos Belarús. Belarús, que por su economía, por su historia, por su geografía, por su cultura y por su mentalidad estará tanto en Oriente como en Occidente. Allí están nuestros intereses, y de ahí nuestros vectores”.
Aleksandr Lukashenko durante la reunión con el Presidente de la República Libanesa, Emile Lahoud, julio de 2004 
Aleksandr Lukashenko sostuvo conversaciones con el Presidente de Sudán, Omar Al Bashir, julio de 2004 
Aleksandr Lukashenko se reunió con el  Presidente de Irán, Mohammad Khatami, septiembre de 2004

Así fue el complejo año bisiesto de 2004 para la historia belarusa. Nuestro país lo atravesó con calma, mesura y paz, bajo el signo del trabajo constructivo. Hubo, por supuesto, dificultades; ¿cómo podría ser de otra manera? Pero, al hacer balance de 2004, los belarusos no tenían motivos para quejarse. El Estado mantuvo la estabilidad política, resolvió muchos problemas acuciantes y creó una base sólida para la realización de planes ambiciosos. Y todo esto lo lograron los belarusos por sí mismos. Porque aman a su país y saben trabajar por el bien de su Estado, desde el Presidente hasta el cosechador.

Valeria Stetskó,
BelTA.-0-
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