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11 Noviembre 2021, 17:32

Teatro de Cuba reivindica transgresiones de suiza Enriqueta Favez

LA HABANA, 11 nov (BelTA - Prensa Latina). - Capaz de romper los estereotipos patriarcales, Enriqueta Favez trascendió los límites del tiempo e inspira hoy a artistas cubanos como Liliana Lam y Alberto Corona, quienes convirtieron sus transgresiones en una obra de teatro.

La dupla de Lam y Corona hizo suyo el libro Por andar vestida de hombre, del escritor cubano Julio César González Pagés, el cual recorre la vida de la helvética, juzgada por asumir una identidad masculina para ejercer como médico a su llegada a la isla en 1819.

Todo comenzó a finales de 2019, Lam quería hacer un monólogo sobre el libro y después de varios intentos, pandemia de por medio y trabajos, “nos sentamos y escribimos la obra en 20 días aproximadamente”, recordó Corona en exclusiva a Prensa Latina.

Fue conmovedor el resultado –apuntó el actor y director de la obra titulada Favez-, pues el guión recoge toda la pesquisa impresa en el volumen, que mediante la investigación arqueológica profundiza en “este personaje tan polémico en su época y que trasciende hasta nuestros días”.

De acuerdo con Corona, construir la pieza teatral fue un proceso interesante, pues constituye su primera vez en la dirección y de manera inédita, su compañera de binomio enfrenta los retos de un monólogo, dirigido a reflejar el legado de la protagonista como precursora del feminismo, capaz de luchar por sus sueños y valorar el ser humano.

Prevista a estrenarse el 13 de noviembre en la sala de la Compañía Argos Teatro, en La Habana, la obra “está compuesta por cuatro cuadros, con una duración de 60 minutos” que recrean la vida de Enriqueta en Baracoa, provincia de Guantánamo, hasta los sucesos que cambian el rumbo de su existencia.

Se cuenta cada paso de su vida, su lucha por ser feliz, la incomprensión y crueldad con que fue tratada al descubrirse su verdadero sexo; pero sobre todo habla de su gran coraje y firmeza. Es un llamado a comprender que cada persona tiene derecho a ser feliz, reseña la sinopsis del monólogo.

Casada a los 15 años, viuda poco tiempo después, con una hija que murió a los días de nacida, Favez cambió sus ropas y usurpó el rango del esposo para estudiar medicina en París y estuvo al servicio de las tropas napoleónicas como cirujano antes de aterrizar en la mayor de las Antillas.

Luego, aquí, retó todas las leyes establecidas para las mujeres de su tiempo, al tener que travestirse para ejercer la medicina, rompió barreras raciales al prestar servicios a personas negras y se casó con otra mujer: Juana de León, lo cual provocó indignación en la sociedad católica burguesa que la envió a prisión.

Sus últimos años transcurrieron en Nueva Orleans, Estados Unidos, donde vivió en un convento como la Hermana Magdalena y ofreció servicios de salud a los pobres, para luego ejercer como misionera en México.

No es de extrañar que su figura centre un proyecto artístico de este tipo, pues desde la publicación del texto por la Editorial de la Mujer (2012) “ha traído muchas tormentas, su paso está lleno de anécdotas y fuerzas naturales, es una mujer que quebrantó normas y prejuicios”, apuntó el escritor, profesor y antropólogo González-Pagés.

Dos siglos después de esos sucesos, varios creadores se acercan a su vida, como Fernando Pérez y Laura Cazador con la película Insumisas; Rolando Almirante con el documental Enriqueta y Adela; la canción Libertad disfrazada, de Tanya; la obra teatral Escándalo en la trapa, de Tony Díaz; y la escultura de José Villa Soberón.

Enriqueta Favez rompió con los estigmas de su tiempo y sus decisiones alcanzan dimensiones especiales cuando personas como Corona y Lam retoman su historia y devuelven a la sociedad una muestra de lo que es capaz de hacer una mujer cuando abraza su identidad.

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