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30 Septiembre 2026, 12:05

Sitio de Leningrado: Bombardeos, metrónomo y 125 g de pan al día 

Foto del archivo de TASS
Foto del archivo de TASS
MINSK, 30 sep (BelTA). – El sitio de Leningrado se convirtió en uno de los episodios más trágicos y heroicos de la historia de la Gran Guerra Patria. El cerco nazi se cerró alrededor de la ciudad el 8 de septiembre de 1941, bloqueándola por completo por tierra. Más de 2,5 millones de habitantes de la ciudad a orillas del Nevá quedaron prácticamente aislados del mundo exterior: la comunicación solo se mantenía por vía aérea y a través del lago de Ládoga. El sitio de Leningrado duró 872 días y supuso una dura prueba para el pueblo soviético. Según diversas fuentes, durante ese tiempo perecieron entre 400 mil y 1,5 millones de habitantes de la ciudad. Sin embargo, los constantes bombardeos, el hambre y el frío no lograron quebrantar el espíritu y la voluntad de los habitantes de Leningrado.

¿Por qué las tropas nazis no lanzaron un asalto contra la ciudad a orillas del Nevá? ¿Qué experimentaron los habitantes de Leningrado durante los años del sitio? ¿Cómo logró el Ejército Rojo romper el cerco de la ciudad? A estas y muchas otras preguntas respondió en el proyecto “Sobre el tema. Historia” el profesor titular de la Facultad de Historia de la Universidad Estatal de Belarús, Serguéi Kaun.
¿Por qué las tropas nazis no pudieron tomar Leningrado por asalto?

El 18 de diciembre de 1940, Adolf Hitler aprobó el plan de ataque contra la Unión Soviética, que recibió el nombre de Barbarroja. Este preveía la ofensiva de tres grupos de ejércitos: Centro, Sur y Norte. El objetivo de este último era la captura y la destrucción de Leningrado. Hitler consideraba que era necesario arrasar completamente la ciudad y condenar a sus habitantes a morir a causa de los bombardeos, el hambre y el frío. Durante los años de la guerra, las tropas nazis intentaron en dos ocasiones tomar Leningrado por asalto. 

“El primer intento de este tipo lo llevó a cabo el 10 de septiembre el feldmariscal von Leeb, pero las tropas del Ejército Rojo de Obreros y Campesinos lograron defender Leningrado. El segundo intento se llevó a cabo ya en 1942. Esta operación recibió el nombre de Aurora Boreal y también fue frustrada”, contó Serguéi Kaun.

La Ofensiva de Siniávino, que tenía como objetivo romper el sitio de Leningrado, impidió que se llevara a cabo la Aurora Boreal. Y aunque el mando soviético no logró el objetivo fijado, las tropas nazis se vieron obligadas a desviar las tropas y la artillería destinadas al asalto para cerrar la rotura. El historiador señaló que Leningrado tenía una importancia capital para toda la Unión Soviética: allí se concentraba alrededor del 30 % de la industria militar del país. 

“Como resultado, los nazis decidieron sitiarla la ciudad y destruirla por completo con ataques de artillería y bombardeos. Leningrado se consideraba la ciudad de las revoluciones, de donde, según las propias palabras de Hitler, “proviene el veneno bolchevique”. Por eso le esperaba ese destino a la ciudad”, subrayó el historiador. En aquel momento, la población de Leningrado ascendía a unos 2,5 millones de personas. 

¿Qué papel desempeñó Finlandia en el sitio de la ciudad?

El historiador recordó que entre 1939 y 1940 tuvo lugar la Guerra Soviético-Finlandesa (también conocida como la Guerra de Invierno). Como resultado de ese conflicto armado, la Unión Soviética logró alejar considerablemente la frontera de Leningrado, que antes de la guerra discurría a unos 35 km de la ciudad. Sin embargo, durante la Gran Guerra Patria, en la que Finlandia entró el 29 de junio, las tropas finlandesas recuperaron las posiciones anteriores y cerraron el cerco del bloqueo desde el norte.

“Los alemanes intentaron en varias ocasiones unirse a las tropas finlandesas. Los propios finlandeses no intentaron asaltar Leningrado. Pero desempeñaron su papel en el bloqueo al cerrar el flanco norte (Nota de BelTA: el semicírculo)”, explicó Serguéi Kaun. 

El ejército finlandés estaba dirigido por Carl Gustaf Mannerheim, un antiguo general ruso de nacionalidad sueca. En 1944 abandonó Finlandia y escribió unas memorias en las que afirmaba que no tenía previsto tomar Leningrado. “Los historiadores consideran que se trata simplemente de una excusa. Es que Mannerheim era consciente de que una batalla en una ciudad que se defendería acarrearía pérdidas muy grandes. Por eso, los finlandeses cerraron el cerco y no avanzaron más”, añadió el historiador.

¿Qué experimentaron los habitantes de Leningrado durante el sitio?

La primera prueba a la que se enfrentaron los habitantes de la ciudad fueron los bombardeos y los ataques de artillería con los que las tropas nazis intentaban causar el máximo daño posible. Pronto se estableció en Leningrado la defensa antiaérea. Se libró una lucha de contrabatería entre la artillería del Ejército Rojo, la Flota del Báltico y los cañones de largo alcance del enemigo. Como resultado, alrededor del 3 % del número total de víctimas pereció en el Leningrado sitiado a causa de los bombardeos y los ataques de artillería.

Las mayores penurias para los habitantes de la ciudad sitiada fueron el hambre y el frío, que se convirtieron en las causas de un enorme número de muertes. En 1941 se vivió un invierno extremadamente frío, en el que el termómetro bajaba a veces hasta los 40 grados. En uno de sus libros, el filólogo e investigador cultural Dmitri Lijachiov, que sobrevivió al sitio, describía el frío así: “Te calaba hasta los huesos. El cuerpo generaba muy poco calor. El frío era peor que el hambre. Provocaba una irritación interna”.

“Las autoridades de la Unión Soviética intentaron resolver el problema de la hambruna. Se organizaron vuelos aéreos y, más tarde, cuando se formó el hielo, surgió el Camino de la Vida, que discurría por el lago de Ládoga. Además, ya en 1942, los habitantes cultivaban huertos y cosechaban sus productos. Con el tiempo, la situación empezó a mejorar ligeramente. En 1943, tras el levantamiento parcial del sitio, se construyó un ferrocarril en la zona de Schlüsselburg y el abastecimiento de la ciudad en su conjunto se normalizó”, dijo Serguéi Kaun.

No obstante, señaló el historiador, la vida de los habitantes de Leningrado atravesó un período muy difícil entre noviembre de 1941 y abril de 1942. En aquella época, se estableció una ración mínima diaria de pan de 125 g para los niños, los mantenidos y los empleados. Los obreros recibían más – a partir de 250 g. Incluso se realizó un cálculo preciso de las calorías que necesitaban los trabajadores para desempeñar sus funciones.

“La gente recurría a todos los medios posibles para salir de esa difícil situación. Cocían correas, pegamento… En definitiva, intentaban conseguir cualquier cosa comestible”, añadió Serguéi Kaun.

¿Cómo era la vida cotidiana en la ciudad sitiada?

En el Leningrado sitiado sonaba a diario un metrónomo, que se retransmitía por la radio en los intervalos entre programas. Indicaba que la red de radio funcionaba correctamente, avisaba de las alertas aéreas y servía de apoyo moral a la población. El sonido del metrónomo, similar al latido del corazón humano, recordaba que la ciudad seguía viva y resistía.

“Hubo muchísimas dificultades. Las brigadas especiales recorrían la ciudad y recogían los cadáveres. El problema era que en invierno resultaba difícil enterrar a las personas, por lo que a veces había que recurrir a los zapadores, que volaban la tierra helada. Con el inicio de la primavera de 1942, ni el suministro de agua ni el alcantarillado funcionaban. Para evitar una epidemia, todo el mundo se encargaba de retirar los cadáveres y los excrementos”, explicó Serguéi Kaun.

Pero, a pesar de las pruebas inhumanas, en Leningrado se intentaba organizar una vida cotidiana normal. Funcionaban las escuelas, los orfanatos y las instituciones culturales. Los trabajadores del zoológico incluso lograron salvar a más de 160 animales, incluida la famosa hipopótama Krasávitsa. “Los habitantes de Leningrado demostraron altas cualidades morales, por lo que muchos lograron sobrevivir”, afirmó Serguéi Kaun.

La industria del Leningrado sitiado se reorientó hacia la producción bélica. En la ciudad se montaban y reparaban los tanques pesados KV (Kliment Voroshílov) y se fabricaban armas para abastecer a las tropas del Frente de Leningrado. Y aunque el recinto de una de las fábricas clave, la Fábrica Kírov, se encontraba a solo unos kilómetros de las posiciones enemigas y era objeto de constantes bombardeos y ataques de artillería, el trabajo allí no se detuvo.

“Todo se destinó a las necesidades bélicas para defender la ciudad: se fabricaban armas, proyectiles y tanques, y se reparaba la maquinaria. Con todo eso allí trabajaban no solo hombres, sino también mujeres con niños”, resaltó el experto.

¿Cómo cambió la ciudad durante el sitio?

La ciudad a orillas del Nevá siempre se ha distinguido por su rico patrimonio histórico y cultural. Las Catedrales de Kazán y de San Isaac, el Hermitage, la avenida Nevski y otros monumentos arquitectónicos de fama mundial podrían sufrir daños considerables como consecuencia de los bombardeos. Para preservarlos, se tomaron ciertas medidas. Las estatuas se cubrían con sacos de arena, y la ciudad se oscurecía para ocultar determinados edificios a los bombarderos alemanes. 

“La ciudad, que antes era luminosa, quedó a oscuras. Esto se puede apreciar incluso en los cuadros de la época. En un momento dado, dejaron de suministrar electricidad y los trolebuses se detuvieron. Por cierto, Lijachiov también escribió sobre esto. Esto se convirtió en un problema, porque mucha gente tenía que tardar dos o tres horas en llegar al trabajo, y eso exigía un gran gasto calórico a personas que ya estaban debilitadas”, señaló Serguéi Kaun.

Al mismo tiempo, la gente seguía viviendo y trabajando. Se componían obras musicales (por ejemplo, la famosa “Séptima sinfonía” de Dmitri Shostakóvich), libros y poemas. Algunos habitantes del Leningrado sitiado llevaban diarios. Así, se hizo muy famoso el diario de la alumna soviética Tania Sávicheva. Las últimas entradas de este conmovedor documento eran las siguientes: “Los Sávichev han muerto”, “Todos han muerto”, “Quedó solo Tania”.

Cuándo se levantó el sitio de Leningrado

El historiador dijo que el levantamiento del sitio de la ciudad se llevó a cabo en dos fases. La primera de ellas fue la Operación Iskra, que comenzó el 12 de enero de 1943. El ataque lo lanzaron dos frentes: el de Leningrado, que defendía la ciudad, y el de Vóljov, que debía romper el bloqueo en un estrecho corredor cerca de Schlüsselburg, donde pronto se construyó un ferrocarril y una carretera. Esto permitió mejorar considerablemente el abastecimiento de Leningrado. Pero las tropas nazis seguían oponiéndose tenazmente y creando líneas defensivas.

La ciudad quedó definitivamente liberada del bloqueo gracias a la Ofensiva Trueno de Enero. El 27 de enero de 1944, el sitio de Leningrado, que duró casi 900 días, quedó completamente levantado, y el enemigo fue rechazado entre 65 y 100 km de la ciudad. En honor a la victoria, se disparó una salva de honor en Leningrado.

“En los Juicios de Núremberg se dio a conocer la cifra de 632 253 fallecidos, que durante mucho tiempo fue la oficial. Más tarde, en las memorias de Zhúkov apareció la cifra de más de 800 000 víctimas. Según las estimaciones de los historiadores actuales, el número de fallecidos durante los años del sitio de Leningrado supera el millón de personas. Los nazis querían destruir por completo la ciudad, arrasándola. Pero la resistencia de los habitantes, las acciones del Partido Comunista, del mariscal Zhúkov y de los comandantes rojos impidieron que tomaran Leningrado. Han pasado más de 80 años desde entonces, pero nunca debemos olvidar a qué precio se consiguió la paz”, enfatizó Serguéi Kaun.

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